11 de febrero de 2014

Fin

Es difícil contar historias. Es difícil hacerlas llegar. Es difícil hacerlas perdurar en el tiempo para que sean recordadas. Para que sirvan como lección.

Resulta curioso con todo lo que he vivido que nadie quiera escucharme, que huyan de mí. No lo entiendo. Con lo útil que les sería mi experiencia. Y lo más contradictorio, es que muchas veces soy la rápida y pésima solución de mucha gente. Desesperados, hundidos, cegados por lo oscuro... ven en mi el único camino de salida. Y otros... simplemente me esperan, serenos, sabiendo que estoy ahí porque es mi momento.

El denominador común de todas las historias son las palabras que resuenan, las que les atormentan, las que les hacen querer volver atrás en el tiempo y cambiar situaciones que marcaron su camino. Eternas dudas que nunca serán resueltas. Todo es pasado, y no se puede cambiar, sólo aprender de él y evitar repetir los errores cometidos.

Pero, ¿por qué tiene que ser todo tan negativo? Yo no lo veo así. Ojalá yo pudiera tener ese final. Siempre he visto que mientras se tiene algo, no se valora porque está ahí, no se hace notar. Pero justo en el instante en el que se pierde, en el que se tiene conciencia de que ya no está, es entonces cuando se echa de menos y el vacío que deja... es enorme.

Yo soy eterna, odiada, temida, deseada... Soy la muerte. No huyáis de mí porque sabéis que tarde o temprano os alcanzaré (tan típico...) así que disfrutad del viaje. Tan sólo una cosa más... cuando me veáis espero no decepcionaros por no ser Joe Black. He de confesaros que es mi personificación favorita (a pesar de haber puesto tan alto el listón).

Y ahora... a seguir viviendo. Nos vemos ;)


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