Estoy
presente en tu vida desde antes de nacer. Recibes el amor de tus
familiares y más allegados antes de que conozcan cómo serás. Al
principio no eres consciente de que estoy contigo, pero eres feliz,
te sientes arropado, y es todo gracias a mi.
Poco
a poco vas creciendo, y yo, a tu lado. Cada vez quieres a más gente,
van formando parte de “tus imprescindibles”. Sigues creciendo,
aparecen más amigos, más personas a las que vas dando tu amor. Y de
repente... ese alguien especial.
Todo cambia. Yo soy distinto, de otra manera. Esa persona, ¿qué
tendrá? Te trae de cabeza, te deja sin aliento, sin apetito, sin
espacio para el resto del mundo. Solo tienes tiempo para él o ella.
Puede que seas correspondido, o puede que no, ahí está el riesgo,
pero... ¿qué sería de la vida sin riesgo?
Hablan
de mi, dicen que soy bonito, y lo soy... pero... tan ácido a la vez.
Cuando no soy correspondido, cuando dan menos de mí de lo que
esperan, cuando me separan... Es tan grande ese dolor que ni siquiera
yo mismo soy capaz de explicarlo. Quien lo haya vivido sabe de lo que
hablo, quien no... ¡¡qué afortunado!! Estoy contento por saber que
has conocido mi lado más dulce; el que te empuja cada
mañana, el que te hace dar gracias por tener gente a tu lado que te
arranca una sonrisa con tan solo una mirada... una sensación también
inexplicable.
Soy
inevitable, incluso cuando te hayas ido, habrá gente que querrá
darte más de mi. Deseando haber podido ofrecer un poco más,
pidiendo tan solo unos minutos, un último momento.
Ese
instante, es AHORA. Sé que a veces duelo, pero la recompensa es tan
grande, que merece la pena arriesgar.